Alisado

 

Hoy volvíamos de una reunión y hemos pasado por delante de una peluquería del barrio, pero no una cualquiera, era la peluquería. En esa peluquería me hice un alisado japonés. Mi primer y único alisado. Tenía unos 12 años.

Después de insistirle muchísimo a mi madre me dijo que me lo podía hacer. Ella intentó persuadirme diciéndome que tenía el pelo muy bonito, pero después de haber sido llamada un montón de veces “11811” o “pelo chocho” estaba harta. No quería seguir viéndome así, no quería burlas, ni gente tocándome el pelo sin permiso, ni metiéndome lápices. Algunos justificarán esto y dirán que era una niña y claro, en el colegio son muy crueles. Pero no, en el colegio y en la calle, a parte de crueles son racistas. No hay más.

Ese día fui a clase y al salir al mediodía me fui directa a la peluquería porque me habían avisado que se tardaban varias horas. Me acompañaba mi amiga Noelia y las dos nos moríamos de ganas de que yo por fin fuese a tener el pelo liso. No recuerdo exactamente cómo fue el proceso. Solo que molestaba, picaba, quemaba. También recuerdo que me daba igual, yo quería ser como el resto de chicas, quería sentirme guapa, por fin. Tardamos unas 4 o 5 horas. Me veía preciosa. Fue llegar a casa y meterme el baño para hacerme fotos y subirlas al Fotolog.

Al día siguiente en clase, todo el mundo flipaba con mi pelo, no dejaba de recibir comentarios, "qué guapa Agnes”, “qué pelo tan largo”. Ojalá tuviese una foto para enseñaros. Tenía el pelo más liso y más suave que había jamás. No podía dejar de tocármelo pero la verdad es que ese sentimiento no duró demasiado.

Cuando llegó el momento de lavarlo, ese look perfecto que tenía al salir de la peluquería se había esfumado. Ahora tenía el pelo feo. Ni liso ni rizado, más bien encrespado, parecía un estropajo, estaba quemado, no hacía falta demasiado para darse cuenta de lo mucho que había sufrido mi pelo con el alisado. Pregunté al peluquero y me dijo que necesitaría peinarme con él para que estuviese como el primer día. Así entramos en un bucle de ir cada semana a la peluquería, con 12 añitos.

Más tarde pasó lo que tenía que pasar, me creció el pelo y tenía las raíces rizadas y cuatro pelos lisos que caían. Decidí que no volvería a pasar por eso y esperé a que me creciese el pelo un poco más para cortarme todo lo que había alisado y dejar mi pelo florecer.

Solo he vivido un alisado químico y no he necesitado más para darme cuenta de que soy preciosa así como soy. Este pelo es mío y es el de mis ancestros, por eso debo valorarlo como se merece. Con trenzas, extensiones o peluca si me apetece. La consciencia no está en el estilo de peinado que nos ponemos, la llevamos dentro.

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